Adviento 2025 - Mirar con ternura y reconocer la mirada de Jesús

Esta tardecita / noche te queremos proponer enfocarte en un gesto humano que tiene el potencial de ser infinitamente esperanzador: la mirada.
En la cotidiana, muchas veces nos es difícil mirar con detenimiento, porque implica hacer una pausa que no tenemos. Observar aquello que nos rodea y encontrar belleza es un ejercicio que nos resulta particularmente disfrutable — poner el foco en la naturaleza y en elementos sencillos que agradecemos, en los pequeños gestos, y también mirar con detenimiento a las personas con las que compartimos. Muchas veces, en el encuentro con esos otros ojos que nos miran, descubrimos una complicidad gracias al camino recorrido, un entendimiento y sostén que nos alienta a seguir, un amor que nos renueva la fuerza y nos anima en la lucha por alcanzar los sueños de ambos y los propios de cada uno. Esas miradas de ternura son de Jesús, y es ahí en donde más lo descubrimos en nuestro día a día.
Lucas trae en su testamento algunas miradas de Jesús que hoy queremos rescatar:
En Lc 15, 20 Jesús se encuentra compartiendo la parábola del hijo pródigo y dice “Se puso en camino y se fue a casa de su padre. Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio, y, profundamente conmovido, salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo cubrió de besos.” Esta es una mirada que nos perdona y nos dignifica al recibirnos con amor, que espera de brazos abiertos nuestro regreso.
Cuando Jesús llega a Jericó, Zaqueo se entera de su venida y hace todo lo posible para verlo. Jesús descubre en él la intención de cambiar y expresa Lc 19, 5 “Cuando Jesús llegó a aquel lugar, levantó los ojos y le dijo: Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa.” Esta mirada nos invita a ser parte, nos mueve a ir a su encuentro. A su vez, es una mirada que ve más allá de lo superficial, que sabe lo que realmente nos habita. Jesús nos conoce.
Al ser arrestado Jesús, Pedro niega conocerlo. Lc 22, 61-62 “Entonces el Señor dirigiéndose hacia Pedro, lo miró. Pedro recordó que el Señor le había dicho: “hoy mismo, antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces”; y saliendo afuera, lloró amargamente.” Por último, a pesar de que nos alejemos, la mirada de Jesús siempre nos perdona y nos acerca, no nos guarda rencor, sino, al contrario, elige amarnos sin importar lo que decidamos.
¿Qué podés descubrir en cada uno de estos ejemplos que resuene contigo hoy? ¿Cómo te mira Jesús en este momento de tu vida? ¿Qué mirada te gustaría devolverle?
Si querés terminar rezando con música, te dejamos “La medida del amor” de Lupe, para que te sigas transformando.
Gracias por tu tiempo,
Sofi y Oti

