Adviento 2025 - Abrazar la vida

En esta instancia nos gustaría empezar abrazándote, e invitándote a abrazar a quien tenés a tu lado si estás leyendo esta dinámica junto a otrxs. Durante el tiempo que dure este abrazo, acordate de respirar profundo, disfrutar de este encuentro, y llenarte de ese amor que comparten. Si estás solx, podés poner tu mano izquierda sobre tu hombro derecho y la derecha sobre el izquierdo para sentirte fuertemente abrazado por nosotros que preparamos esta propuesta para que te llenes de fuerza.
En tu abrazo yo abrazo lo que existe,
la arena, el tiempo, el árbol de la lluvia,
y todo vive para que yo viva.
(Pablo Neruda, soneto VIII)
Se dice que nuestro cuerpo
tiene la forma de un abrazo.
Tal vez, por eso, la tarea de abrazar
sea tan simple,
incluso cuando tenemos que caminar
un largo camino.
El abrazo tiene una fuerza expresiva invisible.
Comunica la disponibilidad de entrar
en relación con los demás,
superando el dualismo,
haciendo caer armaduras y motivos,
cediendo, aunque sea por un momento...
(Dom José Tolentino Mendonça)
Pensando en las palabras que José Tolentino nos deja en su pliego sobre la amistad y en esa poesía de Neruda, nos preguntamos: ¿Cuántas veces nos tomamos una pausa para abrazarnos de verdad?
Los abrazos son nuestra primera forma de comunicación y, desde ese primer abrazo que recibimos al estar en la panza de nuestra madre, sabemos lo mucho que decimos en el silencio de nuestros abrazos. Allí bajamos la guardia, nos abrimos a recibir al otro, nos encontramos en ese gesto para expresar tantas emociones compartidas, para celebrar o llorar juntos. ¿Qué abrazos recordás que te han marcado en tu vida? Confiamos en que tenés varios marcados en la piel. Esos abrazos que recibiste en momentos de necesidad e incertidumbre, aquellos que te ayudaron a sostenerte las veces que casi te dejabas caer, los que festejaron contigo tus logros, y los tantos que diste porque las palabras sobraban.
Nuestro mundo, a veces tan difícil de comprender y aún más de sostener con esperanza, se nos hace más cercano al abrazarlo. Es a veces mejor que todo aquello que no nos entra en la cabeza, que nos es tan difícil de aceptar por nuestra rigidez o estructuras, simplemente lo abracemos y nos propongamos recibirlo sin juicios de valor. Como dice Tolentino “la grandeza del abrazo está en que llega, con frecuencia, donde no llega la comprensión”.
Los abrazos de María también nos quedan grabados en la mente y en el cuerpo. Ella abrazó la propuesta de Dios al decirle sí; salió al encuentro de su prima Isabel para abrazarla; recibió en sus brazos a Jesús al nacer, y lo impulsó con sus gestos, sus silencios y sus palabras para que pudiese cumplir su misión. Incluso en la hora de la pasión, a los pies de la cruz, María abraza a Juan y a toda la humanidad.
Para seguir preparándonos para recibir a Jesús, te invitamos a tener presente el poder que tienen tus abrazos cada vez que los entregues mañana.

