Adviento 2025 - Nacer de nuevo

Hoy volvemos a traer algo del libro “La Puerta de la Misericordia”, te recordamos que es una novela y, por lo tanto, ficción. Eso no quita que algunos diálogos ficticios que pone el autor en boca de Jesús no sean muy enriquecedores y valiosos. Para hoy, traemos una parte del fragmento en el que Jesús está hablando con Nicodemo, si bien es un poco largo, nos gustó mucho para compartirlo contigo.
“A las puertas del Cielo se llega, aquí en la tierra, naciendo por segunda vez”, y frente a la perplejidad de Nicodemo le aclara: “Sí, te estoy hablando de un nacimiento tan real y verdadero como el primero. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. Mientras solo hayas nacido de la carne, eres criatura del Padre, como un toro, una serpiente, una trucha o un ruiseñor.. Cuando nazcas del Espíritu, ya serás hijo del Padre, la persona que estás llamada a ser.
Si naces solo de la carne, apenas te moverás en este mundo con las alas o las aletas, con las dos o cuatro patas que en tu animalidad correspondan; cuando nazcas del Espíritu, su brisa, que sopla donde quiere, que te habla y escuchas su voz y ves sus señales, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va, te hará explorar los bosques, las cumbres y los ríos de la vida eterna y nunca la agotarás ni te hartarás. Así será para todo el que nazca del Espíritu”
“En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo y desde lo Alto, no puede percibir el Reino de Dios y, por lo tanto, vivir en él.”
'En el parto según la carne, tanto el niño como la madre ponen lo suyo. El niño se acomoda en el vientre materno y, re-cién entonces, la madre puede pujar y lanzarlo hacia lo que para él es un abismo desconocido y enceguecedor. En el parto según el espíritu, el hombre reconoce que no puede llegar a ser pleno si no acude al Padre, y recién entonces el Espíritu puede venir desde lo alto para que quien lo haya pedido nazca de nuevo. Si no te quitas el manto y lo empapas de agua y no pides el auxilio del Padre, las aguas no se separarán y no encontrarás el camino de tierra firme.”
“Hay otro punto en el que ambos nacimientos se parecen mucho. Los dos partos liberan y, por eso, aterran. Cuando se corta el cordón umbilical por el que nos nutría la sangre de nuestra madre, quedamos desamparados. Nos convertimos en animales autónomos, abandonados exclusivamente al latido de nuestro corazón, a los pequeños fuelles de nuestros pulmones y a la generación de nuestra propia sangre. En el segundo nacimiento también se cercena un cordón umbilical pero, al contrario del primero, aunque nos hace libres de verdad, se nos quita autonomía, porque quedamos sumidos en otro abismo desconocido, enceguecedor pero, además, mucho más inmenso que el primero, tanto que es infinito.
Si el primer nacimiento desvincula al hijo de la madre, el segundo separa al hombre "de todo cuidado de su propia vida". Aunque no es una renuncia valiosa en sí misma, solo adquiere sentido si concreta una entrega a Dios y a los semejantes, a los dos por igual: porque nadie ofrenda su persona al Padre, si al mismo tiempo y con la misma incondicionalidad no se abre a los demás. En esa sagrada realidad de darse siempre, en la que debemos mantenernos desembarazados de todos los nudos que nos atan a nosotros mismos, recibimos a todas las demás criaturas y nos transformamos en miniaturas del Dios que, porque nos hemos anonadado, puede recién entonces pasar a habitarnos.
Hay, Nicodemo, una gran diferencia entre el primero y el segundo nacimiento. El primero se gesta en treinta y ocho semanas y se consuma en pocas horas, entre el agua y la sangre que derrama nuestra madre en el parto. El segundo transcurre a lo largo de toda nuestra vida y avanza y retrocede, se nutre del fuego de los gozos y de los dolores en los que arde la Gracia, que es nuestra fragua, y recién se sella con nuestra muerte.”
Te invitamos a reflexionar sobre este segundo nacimiento, este nacimiento de espíritu que es un proceso de toda la vida. Si te sirve de ayuda, te dejamos estas preguntas guía; si no, podés obviarlas y reflexionar sobre lo que el texto te haya movido. ¿Qué/Cómo tengo que seguir naciendo de espíritu? ¿Tengo esa entrega a Dios y a todos mis semejantes? ¿Confío y doy mi parte para lograr ese segundo nacimiento?

